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miércoles, 10 de noviembre de 2010
domingo, 26 de septiembre de 2010
Stamos todos
Bueh. Paso la primera S02. Repercusiones y reflexiones en breve. Pero el especial Britney nos tiene a todos rezándole a la Santa -mini- Madonna. Pero no solo de Britney o Brittany vive el hombre. O la mujer. Así que ya empezó a circular un videito totally legal sobre el novio de Emma, el odotóngolo played by John Stamos. Así cualquiera va al dentista.
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jueves, 23 de septiembre de 2010
Hit me baby one more time!
No se puede con la espera, no se puede, no se puede, no se puede, no se puede. Dos potencias se saludan:
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miércoles, 22 de septiembre de 2010
Toxic!!!
Solo una palabra tuya bastará para sanarme. S02x2. Obvio, la palabra es ¡Britney! Most beatiful TV trailer ever:
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jueves, 26 de agosto de 2010
Momentazos Glee V: Single Ladies
Mentiríamos horriblemente si no admitiéramos que en ese momento se nos dibujo en el alma un
del tamaño de Ohio.
Mentiríamos.
Porque si Don't Stop Believin' nos metió adentro y Bust Your Windows nos desmayó de la sorpresa, Single Ladies en la versión footbal fue el numero musical de Glee que ya no nos dejó escapar nunca jamás, los tres minutos definitivos de esa gloriosa sensación de "estos tipos pueden hacer cualquier cosa".
Por eso no termino de entender uno de los argumentos más esgrimidos por los anti-Glee de este mundo (más bien "excusa", porque argumentar no argumenta mucho nadie: como con Buffy, cualquier gilún puede decir que es una pavada sin verla): "Tiene demasiados musiales". Daaaahhhh! Tiene demasiados musicales, pero son como Single Ladies, y eso no es cosa de todos los días.
El capítulo es el cuarto, y comienza con el mismo tema, en una coreo doméstica en la que Kurt hace las veces de Beyoncé. Aparece el rudo papa Hummel, Kurt le intenta caretear un poco de heterosexuality (la parte Alberto Migré del asunto), y en eso está cuando va a parar al equipo de footbal, unos perdedores importantes que gracias una jugada de ataque basada en la coreografía de Single Ladies (y gracias a Kurt) sorprenden a los rivales y ganan por fin un partido.
La moraleja está ahí al alcance de la mano pero podría no estar, porque lo importante del momentazo que nos convoca es el disparate, una clave absoluta de Glee: la incrustación. Beyoncé vía un mini Rufus en un partido de fútbol americano en Lima, Ohio. Los espectadores, mucho más sorprendidos que los rivales. Y mucho más agradecidos también.
OMG!
del tamaño de Ohio.
Mentiríamos.
Porque si Don't Stop Believin' nos metió adentro y Bust Your Windows nos desmayó de la sorpresa, Single Ladies en la versión footbal fue el numero musical de Glee que ya no nos dejó escapar nunca jamás, los tres minutos definitivos de esa gloriosa sensación de "estos tipos pueden hacer cualquier cosa".
Por eso no termino de entender uno de los argumentos más esgrimidos por los anti-Glee de este mundo (más bien "excusa", porque argumentar no argumenta mucho nadie: como con Buffy, cualquier gilún puede decir que es una pavada sin verla): "Tiene demasiados musiales". Daaaahhhh! Tiene demasiados musicales, pero son como Single Ladies, y eso no es cosa de todos los días.
El capítulo es el cuarto, y comienza con el mismo tema, en una coreo doméstica en la que Kurt hace las veces de Beyoncé. Aparece el rudo papa Hummel, Kurt le intenta caretear un poco de heterosexuality (la parte Alberto Migré del asunto), y en eso está cuando va a parar al equipo de footbal, unos perdedores importantes que gracias una jugada de ataque basada en la coreografía de Single Ladies (y gracias a Kurt) sorprenden a los rivales y ganan por fin un partido.
La moraleja está ahí al alcance de la mano pero podría no estar, porque lo importante del momentazo que nos convoca es el disparate, una clave absoluta de Glee: la incrustación. Beyoncé vía un mini Rufus en un partido de fútbol americano en Lima, Ohio. Los espectadores, mucho más sorprendidos que los rivales. Y mucho más agradecidos también.
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| (Acá el video.) |
sábado, 21 de agosto de 2010
Momentazos Glee IV: Somebody to Love
De los tremendos momentazos Queen de Glee opto por Somebody to Love y no por la versión de Rapsodia Bohemia del cierre de temporada. Los motivos, cuatro al menos, seguro más:
Todo eso y Santana, por supuesto.
- Me gusta más Somebody to Love (la canción)
- Rapsodia Bohemia (el Gleeclip) tiene al menos dos cosas con las que no me llevo del todo bien: montaje paralelo y Vocal Adrenaline
- Este es otro clásico instantáneo de Rachel y Finn
- Kinda crush on Santana, que está divina de caerse pa'tras.
Todo eso y Santana, por supuesto.
sábado, 14 de agosto de 2010
Momentazos Glee III: Dream On
Dispongamos que el S01E19 de Glee es una sucesión de momentazos que no para nunca, pero nunca jamás. Es que, claro, a Ryan Murphy se le ocurrió traer al genio total de Joss Whedon, creador de bellezas como Buffy y la fugaz pero extraordinaria Firefly, para que lo dirija. Encima, tenemos a un guest star inolvidable: el enorme Neil Patrick Harris como Bryan Ryan, un antiguo compañero de Glee Club de Mr. Schu. El ex Doogie Howser y actual Barney Stinson ya había trabajado con Whedon en un musical creado especialmente para la web: Dr. Horrible’s Sing-Along Blog (re-co-men-da-dí-si-mo). Y en Dream On, ambos la vuelven a romper. Y no sólo en Dream On: el episodio, sino también en Dream On: la canción, que Bryan Ryan interpreta junto a su antiguo y actual rival Will Schuster.
domingo, 8 de agosto de 2010
Momentazos Glee II: Mash Up
Difícil elegir un momentazo por hay zillions, gazillions de momentazos en Glee. Más fácil es, para el caso, elegir dos, hacer un mashup de esos que tanto le gusta a Mr. Schue, con un poco de angurria, pero tratando de hacer justicia con Glee y con lo que de Glee más me gusta. Vayamos cronológicamente…
Momento 1. Bust Your Windows, por Mercedes. El tema de Jazmine Sullivan (tema gigante que descubrí por Glee) en la primera o por lo menos la más notoria incrustación de brillantina glee-ter en la pseudo-realidad del high school: Mercedes está lavando un auto y termina en un megaescenario en plan diva y con tremendo(s) cuerpo(s) de baile. Mercedes y Kurt están en ello, en lo del auto, y aunque Mercedes quisiera estar también en aquello otro, es obvio y más que obvio, para todos menos para ella, que Kurt no va a seguirla. La vuelta de guión es un equívoco medio francelliano (ehhh, no es que no me gusten las chicas, en realidad es que me gusta otra chica, cof, cof), pero Merchu se enoja y le rompe el vidrio del coche. Porque eso es lo que dice el estribillo, eso es lo genial de esa tremenda cancionaza: te rompí el vidrio del coche y sabés qué, no, no me arregló el corazón roto. Hot y emocional, es es uno de los costados de Glee que prefiero.
Momento 2. Total Eclipse of the Heart, por Rachel and the Poor Boys. Cursi y emocional, ese es el otro costado genial de Glee, acaso el que triunfa sobre todos. Cuando apaga la cancherez y prende la cachudez y se pone en plan telenovelón, con gente escuchando detrás de las puertas, embarazos falsos, padres falsos, engaños y decepciones. Rachel, la mejor alumna, con el pullover del buho, canta Eclipse total del corazón de Bonnie Tyler tratando de desarmar el nudo que se le armó con Finn, Jessie y Puck, y lo logra a tal punto que del piolín ese del que tiró tanto le termina quedando sólo un lado. Imposible pero real: ya nada se puede volver a anudar cuando Rachel se queda sola.
Momento 1. Bust Your Windows, por Mercedes. El tema de Jazmine Sullivan (tema gigante que descubrí por Glee) en la primera o por lo menos la más notoria incrustación de brillantina glee-ter en la pseudo-realidad del high school: Mercedes está lavando un auto y termina en un megaescenario en plan diva y con tremendo(s) cuerpo(s) de baile. Mercedes y Kurt están en ello, en lo del auto, y aunque Mercedes quisiera estar también en aquello otro, es obvio y más que obvio, para todos menos para ella, que Kurt no va a seguirla. La vuelta de guión es un equívoco medio francelliano (ehhh, no es que no me gusten las chicas, en realidad es que me gusta otra chica, cof, cof), pero Merchu se enoja y le rompe el vidrio del coche. Porque eso es lo que dice el estribillo, eso es lo genial de esa tremenda cancionaza: te rompí el vidrio del coche y sabés qué, no, no me arregló el corazón roto. Hot y emocional, es es uno de los costados de Glee que prefiero.
Momento 2. Total Eclipse of the Heart, por Rachel and the Poor Boys. Cursi y emocional, ese es el otro costado genial de Glee, acaso el que triunfa sobre todos. Cuando apaga la cancherez y prende la cachudez y se pone en plan telenovelón, con gente escuchando detrás de las puertas, embarazos falsos, padres falsos, engaños y decepciones. Rachel, la mejor alumna, con el pullover del buho, canta Eclipse total del corazón de Bonnie Tyler tratando de desarmar el nudo que se le armó con Finn, Jessie y Puck, y lo logra a tal punto que del piolín ese del que tiró tanto le termina quedando sólo un lado. Imposible pero real: ya nada se puede volver a anudar cuando Rachel se queda sola.
sábado, 7 de agosto de 2010
Momentazos Glee I: Dancing With Myself
Inauguramos una serie de (cof, cof) "ensayos" o "instantáneas" sobre nuestros momentos dilectos de la serie amada. Artie se merecía el primer "Momentazos Glee", ¿o no?
¿Qué es Glee? Una serie, de esas so hot right now que le gusta a Paul (si, obvio al Sir Paul), a Madonna y que hace que Coldplay se retracte (por no donar temas, Glee hace milagros pero no de esos). Pero, en serio, ¿qué es Glee? “Una pavada” dice el extranjero reacio. Fine. Digámoslo como corresponde: Glee es LA pavada. Pavada real. Y real no por Sir ni por Dancing Queen. Es real por que toca el nervio exacto, sincero, latente, visceral de la pasión de los débiles: Glee encontró y perfecciono un sistema poético (si, po-é-ti-co) para desactivar esa cuenta regresiva que era y es la nostalgia que se ríe por lo bajo y de los bajos, educada en VH1. Vino, escuchó y conquistó: muto el uso camp de la música, la que escuchan/escucharon/ escucharan todos, en algo realmente nuevo. Cuando Glee baila y reversiona su playlist, corta y confecciona una versión que el mundo no sabía que necesitaba: enamorada, irónica, alegre, melodramática, tierna, estilizada (sabor: High School). Imparable. Pero nunca arqueológica: la melomanía de Glee parece estar al alcance de la mano y de la discoteca. Obvio que el sistema se cae de vez en cuando, pero cuando actualiza, mamma mia, here we again. How can I resist you?
Uno de esos instantes gleezados, que entiende sobre que baila Glee se dio en el Glee.S01.E09.HDTV.XviD-2HD. Uno de esos momentos que muestran como Glee parte el núcleo de la canción para hacerla nuclear, tanto en términos radiactivos como narrativos (una bomba, para bailar esto es una bomba). Empieza la serie, estamos rodeados de nuestro propio Glee Club acomodando el culo en el sillón: el rasgeo de la guitarra arranca. El que la toca es Artie. Y si, es Dancing With Myself. Está solo en el escenario, atrás tiene el telón más violeta y más aterciopelado que Baz Luhrman puede llegar a comprar en la venta de garage de Judy Garland. La voz le gana al rasgeo. Artie, sus anteojos Anteojito, sus tiradores, su camisa abrochada hasta el último botón, dejan la guitarra en un costado y salen del plano. Y se van a bailar, de forma simple, sin nada de Aistare y todo sinceridad, en el pasillo de ese colegio secundario. Baila tranquilo, solo aunque haya gente y letras de crédito que se le sobreimprimen. Ellos, los del pasillo no están in the zone como Artie que sigue con la de Idol. Artie pasa del hallway al lunch room, donde esta ella: ella, como todas a las que les queremos cantar cosas que nos hacen bailar cuando nadie nos ve, va literalmente a otra velocidad. De hecho, todos están a otra velocidad: lo que podría ser estilización –que lo es- gana por ser educación sentimental (¿estamos en un colegio o no?) antes que por gestito de idea. Y, aparte, Artie va a la nuestra velocidad. Y lo sabemos. Por eso sentimos nos conmovemos pero ¡va un minuto de programa!¡Y es Glee, digo, Glee, todo bien con el reciclaje pop pero de ahí a emocionarse! Emoción, sincera y hasta musical en su abstracto andar y (en)cantar por nosotros. Artie vuelve al escenario que ahora vemos desde donde estaba aquel telón a la Sirk, baila un poco más, ahora a contraluz, con los brazos en el aire, en bamboleo y girando sobre su propio eje. Lo ve el Profe (sistema activado: si, el momento es emotivo, pero también es emotivo por que “pasa” dentro de narración Artie, de verdad, baila with himself). Se corta la guitarra, Artie canta el final a capella y sale del escenario.
Ah, Artie es parapejlico y está en silla de ruedas.
Obvio que la escena esta diseñada casi geométricamente pero parte de ese diseño industrial (Fox, chicos) y aquí la novedad es poner a circular en la ecuación la confianza ciega en la canción, en el personaje, en el musical, en la anarquía (Mercedes tira la primera piedra y canta, sin los límites del verosímil pero sí los del musical, Bust Your Windows. El daño estaba hecho y fue el mejor posible). En la resignificación y realimentación que género, personaje y canción como power trío ejercen uno sobre otro, en esa caricaturesca tensión funciona el sistema Glee y se hace operativo. Lo sabemos: Glee está diseñada para aquellos que soñamos con cantarle en ralenti a alguien y no podemos, ya sea por el No, por el Sí, por no animarnos a cantar o todas las anteriores. Glee es para los que sabemos que, perdón Village People, sí hay cosas que pueden para la música, y que las encontramos desde los pasillos del secundario hasta, o sé, el mostrador de la AFIP. Pero no nos importa, por que cuando no haya nada que perder y nada que demostrar (o todo lo contrario), estaremos bailando con nosotros mismos. Pensándolo bien, quizás no tan solos. Y eso no es una pavadita.
¿Qué es Glee? Una serie, de esas so hot right now que le gusta a Paul (si, obvio al Sir Paul), a Madonna y que hace que Coldplay se retracte (por no donar temas, Glee hace milagros pero no de esos). Pero, en serio, ¿qué es Glee? “Una pavada” dice el extranjero reacio. Fine. Digámoslo como corresponde: Glee es LA pavada. Pavada real. Y real no por Sir ni por Dancing Queen. Es real por que toca el nervio exacto, sincero, latente, visceral de la pasión de los débiles: Glee encontró y perfecciono un sistema poético (si, po-é-ti-co) para desactivar esa cuenta regresiva que era y es la nostalgia que se ríe por lo bajo y de los bajos, educada en VH1. Vino, escuchó y conquistó: muto el uso camp de la música, la que escuchan/escucharon/ escucharan todos, en algo realmente nuevo. Cuando Glee baila y reversiona su playlist, corta y confecciona una versión que el mundo no sabía que necesitaba: enamorada, irónica, alegre, melodramática, tierna, estilizada (sabor: High School). Imparable. Pero nunca arqueológica: la melomanía de Glee parece estar al alcance de la mano y de la discoteca. Obvio que el sistema se cae de vez en cuando, pero cuando actualiza, mamma mia, here we again. How can I resist you?
Uno de esos instantes gleezados, que entiende sobre que baila Glee se dio en el Glee.S01.E09.HDTV.XviD-2HD. Uno de esos momentos que muestran como Glee parte el núcleo de la canción para hacerla nuclear, tanto en términos radiactivos como narrativos (una bomba, para bailar esto es una bomba). Empieza la serie, estamos rodeados de nuestro propio Glee Club acomodando el culo en el sillón: el rasgeo de la guitarra arranca. El que la toca es Artie. Y si, es Dancing With Myself. Está solo en el escenario, atrás tiene el telón más violeta y más aterciopelado que Baz Luhrman puede llegar a comprar en la venta de garage de Judy Garland. La voz le gana al rasgeo. Artie, sus anteojos Anteojito, sus tiradores, su camisa abrochada hasta el último botón, dejan la guitarra en un costado y salen del plano. Y se van a bailar, de forma simple, sin nada de Aistare y todo sinceridad, en el pasillo de ese colegio secundario. Baila tranquilo, solo aunque haya gente y letras de crédito que se le sobreimprimen. Ellos, los del pasillo no están in the zone como Artie que sigue con la de Idol. Artie pasa del hallway al lunch room, donde esta ella: ella, como todas a las que les queremos cantar cosas que nos hacen bailar cuando nadie nos ve, va literalmente a otra velocidad. De hecho, todos están a otra velocidad: lo que podría ser estilización –que lo es- gana por ser educación sentimental (¿estamos en un colegio o no?) antes que por gestito de idea. Y, aparte, Artie va a la nuestra velocidad. Y lo sabemos. Por eso sentimos nos conmovemos pero ¡va un minuto de programa!¡Y es Glee, digo, Glee, todo bien con el reciclaje pop pero de ahí a emocionarse! Emoción, sincera y hasta musical en su abstracto andar y (en)cantar por nosotros. Artie vuelve al escenario que ahora vemos desde donde estaba aquel telón a la Sirk, baila un poco más, ahora a contraluz, con los brazos en el aire, en bamboleo y girando sobre su propio eje. Lo ve el Profe (sistema activado: si, el momento es emotivo, pero también es emotivo por que “pasa” dentro de narración Artie, de verdad, baila with himself). Se corta la guitarra, Artie canta el final a capella y sale del escenario.
Ah, Artie es parapejlico y está en silla de ruedas.
Obvio que la escena esta diseñada casi geométricamente pero parte de ese diseño industrial (Fox, chicos) y aquí la novedad es poner a circular en la ecuación la confianza ciega en la canción, en el personaje, en el musical, en la anarquía (Mercedes tira la primera piedra y canta, sin los límites del verosímil pero sí los del musical, Bust Your Windows. El daño estaba hecho y fue el mejor posible). En la resignificación y realimentación que género, personaje y canción como power trío ejercen uno sobre otro, en esa caricaturesca tensión funciona el sistema Glee y se hace operativo. Lo sabemos: Glee está diseñada para aquellos que soñamos con cantarle en ralenti a alguien y no podemos, ya sea por el No, por el Sí, por no animarnos a cantar o todas las anteriores. Glee es para los que sabemos que, perdón Village People, sí hay cosas que pueden para la música, y que las encontramos desde los pasillos del secundario hasta, o sé, el mostrador de la AFIP. Pero no nos importa, por que cuando no haya nada que perder y nada que demostrar (o todo lo contrario), estaremos bailando con nosotros mismos. Pensándolo bien, quizás no tan solos. Y eso no es una pavadita.
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